viernes, 3 de febrero de 2012

Salmo 139 Dios conoce todo lo que tenemos y nos falta


Salmos 139: 1-3 Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
2  Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos.
3  Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos.
4  Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
5  Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano.
6  Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender.
7  ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?
8  Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
9  Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar,
10  Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.
11  Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí.
12  Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz.
13  Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.
14  Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.
15  No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra.
16  Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.
17  ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!
18  Si los enumero, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy contigo.
19  De cierto, oh Dios, harás morir al impío; apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios.
20  Porque blasfemias dicen ellos contra ti; tus enemigos toman en vano tu nombre.
21  ¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, y me enardezco contra tus enemigos?
22  Los aborrezco por completo; los tengo por enemigos.
23  Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos;
24  Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.

Comentario:

Es un salmo de cuatro estrofas de seis versículos cada una que presentan los atributos de Dios: omnisciencia (vs. 1-6), omnipresencia (vs. 7-12), omnipotencia (vs. 13-18); y su justicia y santidad al final en una manifestación del vivo sentido de la responsabilidad y conciencia del pecado.
Vs. 1-3 Es extraordinario pensar que tenemos un Dios que sabe todas las cosas, es omnisciente y está en todos lados a la vez (omnipresente), ambas verdades las reconocemos pero, también es sorprendente que muchas veces no las aceptamos o no las entendemos correctamente.
Cuando un científico mira al microscopio, puede observar lo más pequeño que a simple vista no se puede ver. El microscopio óptico, que se sirve de la luz visible para crear una imagen aumentada del objeto, permite al científico ver lo que otro no puede sin el instrumento. Dios no usa microscopio, Él sabe de nosotros sin necesidad de aparatos porque es el alfarero que nos moldeó.
Dios ya conoce todo y aun cuántos cabellos tenemos en la cabeza (Mateo 10:30). Está con nosotros en cada circunstancia, en cada prueba, y nos previene, guarda, ama, dirige... Conoce nuestros pensamientos aún antes de que nosotros los expresemos, sus ojos vieron nuestro embrión antes de nacer, (v.16) El misterio de una vida que se gesta no está oculto a los ojos de Dios y tampoco a la operación de su poder para obrar cuando estamos enfermos o con problemas. Dios sabe cada paso que damos, siente cada suspiro, mira cada parpadeo de nuestros ojos. Sabe cuándo nos sentimos mal, inconformes, molestos y también cuando estamos felices, satisfechos y plenos. Conoce nuestros planes y expectativas, nuestras limitaciones y también las fortalezas. Pero entonces, ¿por qué nos desesperamos en los momentos de aflicción? Lo hacemos por impaciencia, porque deseamos una respuesta visible a nuestra manera, cuando Dios tiene las suyas, porque no tenemos fe y por falta de conocimiento.
No desestimemos en lo más mínimo su conocimiento y aprovechemos de valorar el conocimiento que Dios tiene de nosotros. Si hay algún problema sin solución, Él lo conoce y también la solución, si hay alguna falta de bienes, también la conoce, o enfermedad o cuidado de nosotros. Lo que Él espera es que confiemos y pidamos en Su voluntad el obtener lo requerido.
“Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” Lucas 11:9-13

Rubén Pelegrina


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