lunes 12 de marzo de 2012

Salmo 144 Oración pidiendo socorro y prosperidad (4° Parte)

Salmos 144: 5-9  Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende; toca los montes, y humeen.
6  Despide relámpagos y disípalos, envía tus saetas y túrbalos.
7  Envía tu mano desde lo alto; redímeme, y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hombres extraños,
8  Cuya boca habla vanidad, y cuya diestra es diestra de mentira.
9  Oh Dios, a ti cantaré cántico nuevo; con salterio, con decacordio cantaré a ti.

Comentario:
Vs.5-9  “Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende; toca los montes, y humeen”.
Un fuerte deseo de un toque divino, acompaña al salmista que experimenta una opresión y acoso de hombres chocantes que llenan su boca de palabras vacías en su contra abriendo  sus labios para mentir, y levantando su mano derecha para jurar en falso.
Dicho toque lo tenemos aquí, precisamente en este texto (v.5) El toque de Dios lo podemos ver en toda Su palabra, en la naturaleza, en los hombres y en lo que les rodea. El mayor toque de ellos ocurrió cuando muchos  millones de personas murieron en el diluvio en la época de Noé, salvándose apenas ocho personas. Noé,  y con él sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos. (Génesis 7:7)
El toque divino puede cambiar la naturaleza, a los hombres vivos, nuestros órganos y por supuesto nuestra mente. Dios le tocó la boca a Jeremías poniendo palabras divinas en sus labios cuando él no quería hablar por considerarse a sí mismo un niño: Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca”. (Jeremías 1:4-9)
De igual manera David pide a Dios un toque en la naturaleza para poder experimentar un cántico nuevo (v.9) y entonar alabanzas cuando haya pasado la prueba.
De igual manera Dios puede obrar milagro con sus toques y es necesario que él toque nuestro entorno de diferentes maneras para que podamos experimentar el cambio necesario, sea este cambio a nuestro alrededor o en nosotros mismos.
El reconocido autor Gary Chapman en su libro “Los cinco lenguajes del amor” habla de la importancia que el toque físico aplica a nuestras vidas. Un abrazo, una palmada en la espalda, una caricia puede significar afecto, amor, aceptación y cuán necesario es esto en nuestras vidas cuando experimentamos soledad, tristeza o desamparo.
También nos habla que el toque de una palabra puede provocar en nosotros un avance en la vida y hasta para vencer las dificultades. Y si esto hace el toque de una persona en nuestras vidas, cuánto más lo hará el toque divino. Para que la personalidad funcione emocionalmente y espiritualmente bien necesitamos este tipo de toques. Cuánto más el toque de Dios en nuestras vidas para cambiarnos y para transformarnos, o para cambiar el entorno. Pidamos a Dios el toque divino y abracemos Su Palabra que está llena de testimonios y milagros.

Rubén Pelegrina

viernes 9 de marzo de 2012

Salmo 144 Oración pidiendo socorro y prosperidad (3° Parte)

Salmos 144:3-4  Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que en él pienses, o el hijo de hombre, para que lo estimes?
4  El hombre es semejante a la vanidad; sus días son como la sombra que pasa.

Comentario:
Vs 3-4 El salmista usa aquí toda una serie de metáforas para mostrar una particular y asombrosa diferencia: la grandeza de Dios y la pequeñez del hombre al cual compara con vanidad o vaciedad y sombra que pasa como lo analizamos al final; éste, siendo nada, hoy está y mañana ya no está. Piense usted en cuántos familiares, amigos o conocidos tuvo que ya no están y que a muchos quisiera resucitar y no puede…
El texto también muestra la soberanía de Dios y su cuidado sobre el ser humano que es nada, valga la redundancia. ¿Alguien cuidaría lo que es nada? Dios sí.
¿Se ha puesto a pensar usted en esto? Que usted es nada y Dios cuida de esa nada.  O usted mantiene la arrogancia de creer que es mucho. Puede ser que usted lo crea, pero ante los ojos de Dios somos como una flor que hoy está y mañana se marchita o como la sombra (Job 14:2), o como una nube y el rocío de la mañana (Oseas 6:4) Job habla sobre la brevedad de la vida diciendo: “El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece”. (Job 14:1-2)  
¿Sabe usted que hoy está aquí y mañana no lo tiene asegurado? ¿Se ha dado cuenta que en este texto hay un gran contraste entre lo que es el hombre y lo que es Dios?
Es una importante ocasión para reflexionar y meditar sobre nosotros mismos, qué estamos haciendo para no sobrevalorarnos humanamente porque nos enseña Pablo en Romanos 12:3: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.
Mas debemos valorarnos espiritualmente porque ahí sí, en dicha dimensión somos participantes de una bendición eterna. En Efesios 1:3 Pablo dice que Dios nos bendijo “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales”. Esta es una declaración que debemos resaltar en esta época tan materialista en que nos toca vivir, nos bendijo en los lugares celestiales con un cheque a futuro. Vemos una sociedad que idolatra la salud, las riquezas, la buena vida; y lo más triste de todo esto es que algunos han querido acomodar el mensaje del evangelio a esa forma de pensar. Por esto hoy muchas personas abrazan el llamado “evangelio de la prosperidad”: donde se enseña que debemos prosperar económicamente, debemos disfrutar de muchas posesiones, porque somos hijos del Rey, y debemos vivir como tales. Esta manera moderna de pensar dice Warren Wiersbe – trata de hacernos creer que la mayor preocupación de Dios es hacernos felices, no santificarnos, cuando la santificación significa “vivir apartados o separados para…” y que Dios se preocupa más por nuestro bienestar físico y material que por el moral y espiritual.
¿Usted siente que esto sea una realidad en su vida? El ‘dios de la prosperidad’ es un mensajero de vanidad cuya única responsabilidad es responder a todos nuestros llamados y asegurarse de que estemos gozando de la vida”. Todo lo contrario, el salmista nos asegura que somos nada, que hoy estamos y mañana no. Dice Pablo en 1°Tim. 6:7-8 “Nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar, así que teniendo sustento y abrigo, estemos ya satisfechos”.
Nuestra mayor preocupación debe ser alcanzar el mundo con el evangelio. Es lo único que me predispone y motiva a mí a hacer lo que hago, explicar la Biblia para que cualquier persona en la red pueda leer y conocer el amor de Dios hasta lo último de la tierra.
“Nuestra ciudadanía está en los cielos, dice Pablo en Fil. 3:20, y esa ciudadanía encierra grandes privilegios. Nuestro verdadero disfrute, nuestro más profundo deleite, son esas bendiciones espirituales de las que Pablo habla en esta carta y al pensamiento que nos traslada el salmista, y que Dios nos ha concedido libremente en Cristo. Él controla todas las cosas para nuestro bien, y nos gozamos en la esperanza ciertísima de la vida eterna. En otras palabras, aunque no hemos llegado al cielo, ya comenzamos a disfrutar un anticipo de él, y si Dios nos da bendición material o prosperidad económica, ¡Alabado sea Él!.

Rubén Pelegrina

lunes 5 de marzo de 2012

Salmo 144 Oración pidiendo socorro y prosperidad

Salmos 144: 1 Bendito sea Jehová, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra;

Comentario:

Muchas veces hemos cantado este salmo y otras tantas lo hemos usado para dar pláticas, pero ahora nos preocupa saber qué es lo que Dios desea transmitirnos en forma rema de la Palabra logos, o sea una palabra susurrada al oído de cada lector (rema, 2° Pedro 1:21) del contenido de la Palabra (logos). Si Dios me da una escritura se llama rema. Las Escrituras pueden ser logos si las observamos simplemente como contenido, y si las observamos como una revelación de Dios, se les puede decir rema. Por eso la importancia que cada uno de nosotros ponga en interpretar lo que Dios está hablando por medio de la Palabra escrita a nuestro corazón. Porque podemos leer como simple información (logos) o con el puro deseo que Dios nos hable personalmente (rema).
Para esto comenzaremos con el primer párrafo de David.
V.1 “Bendito sea Jehová, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra”.  David era un excelente guerrero, mas pone toda su confianza en el maestro que lo adiestró. Y nos transmite esto como parábola para enseñarnos verdades eternas, donde refleja la intimidad que tenía él, en que Dios le daría la victoria en la batalla que era necesaria para preservar al pueblo escogido. La forma de mostrarnos esto es a manera de entrenamiento.
¿Cómo funcionó el entrenamiento del más famoso cuerpo del ejército de EE.UU. de los marines, adiestrados para colarse tras las líneas enemigas durante la II Guerra Mundial?
Debían completar 3 ejercicios y 50 abdominales y luego correr 5 kilómetros en menos de 28 minutos. Entonces ahora estaban preparados, si cumplían los 28 minutos, podrían llevar un arma.
Dios diseñó un programa que combina las técnicas más modernas de entrenamiento espiritual para cada uno de nosotros,  y los últimos descubrimientos en preparación física con los rigores de la guerra moderna que todos enfrentamos contra las potestades y enemigos, para que resultemos victoriosos. Nos permite tener pruebas de esfuerzo para descubrir nuestra paciencia, pérdidas materiales para medir la confianza en las cosas terrenales, enfermedades para probar el grado de consolación que podemos poseer, trastornos familiares para descubrir si estamos listos para el consejo, etc.
“Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para la guerra, mis dedos para la batalla”. (V. BAD)
Que esta metáfora nos sirva para mostrarnos la grandeza de Dios y su cuidado sobre nosotros durante el entrenamiento.

Rubén Pelegrina

viernes 2 de marzo de 2012

Salmos 143 Pedido de rescate y dirección (3° Parte)

Salmos 143:6-12 Extendí mis manos a ti, mi alma a ti como la tierra sedienta. Selah
7  Respóndeme pronto, oh Jehová, porque desmaya mi espíritu; no escondas de mí tu rostro, no venga yo a ser semejante a los que descienden a la sepultura.
8  Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma.
9  Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio.
10  Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.
11  Por tu nombre, oh Jehová, me vivificarás; por tu justicia sacarás mi alma de angustia.
12  Y por tu misericordia disiparás a mis enemigos, y destruirás a todos los adversarios de mi alma, porque yo soy tu siervo.

Comentario:

V.6 Extendí mis manos a ti, mi alma a ti como la tierra sedienta. Selah
El sediento es una escultura en mármol, rodeada por una fuente, que representa a un joven que calma su sed bebiendo agua que emana de una roca. Lo interesante de esta imagen es que el sediento siempre está bebiendo y la roca siempre está dando agua.  Cristo es la Roca representativa y nosotros somos los sedientos que siempre está dando el agua que puede fluir en nuestro interior como ríos de agua viva, y la figura que nos transmite el salmista es la de una tierra que necesita de lluvia, así como su espíritu anhelaba la comunión y la gracia de Dios. Esta imagen se agiganta cuando la contrastamos con los bienes pasados que él tenía, todo el bienestar y tranquilidad pastoril, cuando muy de vez en cuando tenía que ahuyentar algún lobo que viniera tras sus ovejas. Ahora su vida ha cambiado y está bajo el yugo de muchos problemas que le secan el alma por lo que desmaya en su espíritu y se compara como tierra seca. Imaginemos que existe un terreno que antes era un bosque que fue deforestado, que ahora no es más que un terreno pobre sin mucha utilidad productiva, y que permaneciendo así poco a poco se va erosionando por el cambio de las condiciones climáticas del lugar hasta quedar como tierra seca y quebrada. Muchos de nosotros hemos experimentado en algún pasaje de nuestra vida algo parecido, ¿qué hicimos? Ahora descubramos cómo respondió el salmista.
V.7  “Respóndeme pronto, oh Jehová, porque desmaya mi espíritu; no escondas de  Traducido por la Biblia al Día es: “Respóndeme pronto, Señor, que el aliento se me escapa. No escondas de mí tu rostro, o seré como los que bajan a la fosa”. El ánimo se le agotaba, estaba perdiendo la esperanza, lo apresaba un temor paralizante y una honda depresión. En ocasiones, nos sentimos iguales, en una depresión que con el paso del tiempo se va haciendo más aguda y no podemos salir de ella. En esos momentos, podemos ir ante el Señor y, al igual que David y expresarle nuestros verdaderos sentimientos. Entonces Él nos ayudará a recordar sus obras.
Vs. 8-9  “Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma. Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio”. De esta manera aprendemos a confiar en El y a decidir hacer su voluntad (10).v.
V.10  “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud”. Aprendemos que debemos orar que Dios nos enseñe a hacer Su voluntad y no hacer la nuestra propia. Cuando un creyente conoce la gloria de hacer la perfecta voluntad del Señor, él la aceptara con gozo y esperanza! Aceptar significa, “tomar, como en los brazos”, presionando a nuestro pecho como en una expresión de amor y afecto, lo que nos vivificará y disipará a los enemigos quedando todos ellos destruidos. (Vs.11-12)
Para hacer Su perfecta voluntad aprendamos del Maestro, Cristo le dijo a sus discípulos: “… porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió.” (Juan 5:30). “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra.” (4:34). “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” (6:38).
Aprendimos entonces en este salmo tres verdades importantes de cómo agradar a Dios y hacer su voluntad:
1. Pedir de una manera clara, con autoridad y con un profundo deseo y respeto.
2. Orar sintiendo el peso del pecado, sin quejas. Con una oración confiada.
3. Comparar nuestro corazón con tierra seca estando ansiosos de recibir las lluvias de bendición divina.

Rubén Pelegrina

jueves 1 de marzo de 2012

Salmos 143:2-5 Pedido de rescate y dirección (2°Parte)


2  Y no entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de ti ningún ser humano.
3  Porque ha perseguido el enemigo mi alma; ha postrado en tierra mi vida; me ha hecho habitar en tinieblas como los ya muertos.
4  Y mi espíritu se angustió dentro de mí; está desolado mi corazón.
5  Me acordé de los días antiguos; meditaba en todas tus obras; reflexionaba en las obras de tus manos.

Comentario:

La primera característica que descubrimos en la forma de orar de David de acuerdo a la voluntad de Dios es mencionando el ruego a Él de una manera clara y como se merece en nuestra manera de solicitar, haciéndolo con autoridad, con un profundo deseo y mucho respeto.
v.2) Lo segundo que descubrimos es emocionante y me encanta. David se considera a sí mismo que no es para nada un inocente y arguye algo así como esto: Señor, no hay ninguno “inocente” entre los hombres y menos yo, así que te pido que no entres en juicio conmigo a pesar de lo malo que soy.  
Me encanta porque  ¿qué persona por más que desee cumplir la voluntad de Dios, se considera a sí mismo de esta manera? O digámoslo de otra forma, ¿quién se atreve a orar así?
En los siguientes versículos, si fuera yo, no lo hubiera escrito así posiblemente, sino quizás haciéndome un poco más la víctima o demostrando cuánto sufrí por cumplir la voluntad de Dios, en cambio David dice: Ya ves cómo el enemigo ha perseguido mi alma; abatida tiene hasta el suelo mi vida. Me ha confinado en lugares tenebrosos, como a los que murieron hace ya un siglo. Mi espíritu padece terribles angustias; está mi corazón en continua zozobra”. (Vs. 2-3 Versión PDT). Ésta es una confesión más que una queja, donde expresa sentirse privado de las comodidades de la vida que él pudiera tener y no tiene lo que otros poseen y él no posee. ¿No es verdad que en vez de orar diciéndole a Dios una confesión, más bien puede ser que nos quejemos?
V.5) Aquí comienza a recordar el pasado, lo que lo motiva a una oración confiada. Desfila por su mente el recuerdo agradable. Recordar nuestro pasado con frecuencia nos causa tristeza o nos hace sentir lástima por nosotros mismos; el salmista recuerda las obras de Dios y todo lo que hicieron sus manos: montes, lagos, ríos, nubes, pájaros, peces, hombres… Hoy estuve meditando en el momento en que yo no existía, y mientras hablaba con una anciana de setenta y cinco años, diciéndole de la grandeza de Dios cuando unió un espermatozoide con un óvulo en el vientre de mi madre y que de la nada o de esa minúscula unión salí yo, pudimos reconocer que la grandeza de Dios es extrema. Cuando yo no era nadie, ahora soy alguien que está escribiendo. ¡Qué maravilla!
Bien hacemos en admirar las obras de Dios, en confesar su grandeza y orar con ese pensamiento para no incurrir en quejas que de nada aprovechan o en reclamos que para nada sirven porque Dios conoce nuestro pensamiento aún antes que ellos afloren a nuestro cerebro.

Rubén Pelegrina

sábado 25 de febrero de 2012

Sal 143:1 Pedido de rescate y dirección

Salmos 143: 1  Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos; respóndeme por tu verdad, por tu justicia.
2  Y no entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de ti ningún ser humano.
3  Porque ha perseguido el enemigo mi alma; ha postrado en tierra mi vida; me ha hecho habitar en tinieblas como los ya muertos.
4  Y mi espíritu se angustió dentro de mí; está desolado mi corazón.
5  Me acordé de los días antiguos; meditaba en todas tus obras; reflexionaba en las obras de tus manos.
6  Extendí mis manos a ti, mi alma a ti como la tierra sedienta. Selah
7  Respóndeme pronto, oh Jehová, porque desmaya mi espíritu; no escondas de mí tu rostro, no venga yo a ser semejante a los que descienden a la sepultura.
8  Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma.
9  Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio.
10  Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.
11  Por tu nombre, oh Jehová, me vivificarás; por tu justicia sacarás mi alma de angustia.
12  Y por tu misericordia disiparás a mis enemigos, y destruirás a todos los adversarios de mi alma, porque yo soy tu siervo.

Comentario:

En este salmo encontramos verdades muy importantes, que si las analizamos vamos a crecer de manera sorprendente al ponerlas en práctica descubriendo los secretos del “cómo agradar a Dios”. Vemos que David deseaba de todo corazón complacer a Dios y hacer su voluntad. Y ese debería ser nuestro mayor anhelo, parecernos a nuestro Padre y querer hacer lo que Él quiere. No hay mayor distinción para un papá que ver a sus hijos hacer su voluntad.
Yo creo que la voluntad de Dios es un asunto de gran importancia para todos los que dicen amar al Señor, porque hay personas que pasan años de iglesia y espiritualidad, pero en cuestiones básicas nunca han descubierto la voluntad de Dios. Y existe una vasta diferencia entre “someterse” a la voluntad de Dios y “aceptar” su voluntad. Aceptar la voluntad de Dios no es ver a Dios como demandando que nos rindamos a un grupo de reglas y condiciones, como si Dios dijera: “¡Hazlo a mi manera, o te desamparo!” No. Debemos aprender a darnos cuenta cuál es la voluntad de Dios en todo en nuestra vida. Si algo no se nos da en varias ocasiones que lo intentamos, debemos preguntarnos, ¿no será que no es la voluntad de Dios que se manifiesta siempre como “agradable y perfecta”?
Vamos a regresar al comienzo del salmo para que cuando lleguemos al v. 10 que trata este tema tengamos un contexto previo que nos ayudará a preparar el camino y darnos cuenta cómo hacer su voluntad.
V.1 “Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos; respóndeme por tu verdad, por tu justicia”. Que Dios tenga que oír y escuchar lo que David pide no significa que haya veces que Dios no oye. David sentía mucho temor y ya había comenzado a sentir depresión, estaba perdiendo la esperanza a causa de este tema.
En ocasiones, nos sentimos atrapados en una depresión que cada vez es más intensa y no podemos salir de ella.
David tenía una manera peculiar de orar que en sus traducciones nos deja una sensación de estar dándole órdenes a Dios. Pero es su forma de expresarse o la interpretación del original que nos han dejado los primeros traductores. Para entenderlo mejor voy a referirme a una costumbre que se emplea en mi país para solicitar algo. Una persona puede precisar sal en la mesa, entonces dice: ¿me pasas la sal? Y en otro país eso parecería una grosería por no pedir “por favor”. Pero en este caso la entonación con que se hace el pedido, dice lo que la frase por favor no dijo. Así de igual manera la Biblia está llena de cosas similares que la cultura de la época empleaba, pero que hoy no se nos han explicado a nosotros. Y eso no significa que David haya tratado con órdenes o falta de respeto a Dios. Todo lo contrario, David era un hombre muy parecido a Dios, “He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” Hechos 13:22.
Continuaremos…

Rubén Pelegrina

jueves 23 de febrero de 2012

Salmo 142 Angustia y pedido de socorro en la cueva


Salmos 142: 1-7 Con mi voz clamaré a Jehová; con mi voz pediré a Jehová misericordia.
2  Delante de él expondré mi queja; delante de él manifestaré mi angustia.
3  Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo.
4  Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien me quiera conocer; no tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida.
5  Clamé a ti, oh Jehová; dije: Tú eres mi esperanza,  y mi porción en la tierra de los vivientes.
6  Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido. Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.
7  Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre; me rodearán los justos, porque tú me serás propicio.

Comentario:
David ora fervientemente a un Dios favorable, que lo ayudó y prosperó ya en muchas ocasiones. El rastro que fue dejando la fe puesta en Dios cuando los momentos oscuros ahogaban su alma es lo que a hora permanece en su mente como testigo que Dios volverá a obrar de la misma manera. Toda circunstancia adversa siempre colabora para que no olvidemos que Dios se manifiesta constantemente.
¿Ha sentido alguna vez usted que a nadie le importa lo que le sucede? David tenía buenas razones para sentirse así por motivos obvios que describiré, y escribió: "Clamé a ti, oh Jehová".
Mediante la oración podemos sacar todo resentimiento y recordar que Dios se preocupa intensamente por nosotros.
En 1° Samuel 22 se encuentra tal vez el contexto cuando David escribió este salmo escondiéndose de Saúl en cuevas como la de Adulam o En-gadi (1° Samuel 24). Cuando su familia y sus hermanos  se enteraron, fueron a verlo allí. Además, como si esto fuera poco para su espíritu entristecido, aunque luego colaboró para su bienestar,  se le unieron muchos otros que estaban en apuros, cargados de deudas o amargados. Así, David en poco tiempo llegó a tener bajo su mando a unos cuatrocientos hombres, los que podían mejorar su suerte al ayudarle a convertirse en rey.  Se requiere ser un buen líder para formar un ejército de colaboradores y buenos hombres para liderar un ejército de valientes que fueran a conquistar estando en condiciones dolorosas.
La otra posible historia contextual es cuando Saúl toma consigo tres batallones de hombres escogidos de todo Israel, y se va por los Peñascos de las Cabras, en busca de David y de sus hombres. Entonces por el camino, se encontró con una cueva donde entró para hacer sus necesidades y justo ahí David estaba escondido en el fondo de la cueva, con sus hombres. Y en este episodio David cortó el borde del manto de Saúl cuando dormía y no les permitió a sus hombres que atacaran a Saúl, porque hasta ese momento David decía que Saúl era el ungido de Dios.
David tenía un gran respeto por Saúl, a pesar de que éste trataba de matarlo.  
En este momento de la historia podemos deducir que fue cuando David dijo: “Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.  Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre; me rodearán los justos, porque tú me serás propicio”. (vs. 6-7)
En resumen podemos extractar a manera de aprender algo que la oración de David consiste en un clamor  al Señor (v. 1) por Su ayuda y una declaración pública de su dependencia en Dios. Sigue el lamento de que sus enemigos tratan de atraparlo (v. 3) cuando no puede librarse de ellos y nadie lo cuida (v. 4). Concluye con una confesión de absoluta confianza en el Señor (v. 5), y pide que Dios lo favorezca y lo salve (vs. 6- 7a) y hace una  anticipación de la alabanza que tanto él como los que él llama “justos” brindarán a Dios (v.7b).

Rubén Pelegrina