jueves, 15 de noviembre de 2012


Efesios 1:12-14   Todos somos diferentes pero para gloria de Dios.

V.12 A fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.
V.13  En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
V.14  que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Comentario:
Esta mañana en mi devocional meditaba en ese texto que dice que una es la gloria de la luna y otra la de las estrellas. Cada persona tiene su propia gloria que debe ser un fruto de alabanza a Dios en la diferencia particular de cada uno. Aquí en Efesios nos da Pablo el primer ejemplo de la unidad que trajo Cristo. Cuando habla de nosotros quiere decir su propia nación, los judíos; cuando habla de vosotros, quiere decir los gentiles a los que se dirige; y cuando, en la última frase, dice nosotros, está pensando en los judíos y los gentiles juntos. “Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria” (1° Cor15:41). En este otro pasaje que yo empleo para comparar, Pablo viene diciendo que todos tenemos cuerpos distintos y cada uno es diferente del otro. A cada semilla Dios le da el cuerpo que él quiere darle. No todos los cuerpos son iguales. Los seres humanos tenemos una clase de cuerpo, y los animales tienen otra clase. Lo mismo pasa con los pájaros y los peces. Hay también cuerpos que viven en el cielo, y cuerpos que viven en la tierra. La belleza de los cuerpos del cielo no es como la de los cuerpos de la tierra. El brillo del sol no es como el de la luna y las estrellas, y aun cada una de las estrellas tiene un brillo distinto.  Así pasará cuando los muertos vuelvan a la vida, habiendo sido todos diferentes en la tierra y estando unidos en perfecta unidad, en la gloria no habrá desigualdades.
Cuando alguien muere, se entierra su cuerpo, y ese cuerpo se vuelve feo y débil. Pero cuando esa persona vuelva a la vida, su cuerpo será hermoso y fuerte, y no volverá a morir, “a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo”. Al unirnos con Cristo estamos predestinados a convertirnos en trofeos de la gracia de Dios que provocan alabanza a Dios por parte de la creación.
No nos quejemos de lo que somos o tenemos, seamos para alabanza de su gloria, algunos son altos y otros bajos, unos blancos y otros morenos, pero todos somos creación del Dios único que nos puso para traer bendición al prójimo y alabanza para Él.
Rubén Pelegrina. 

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