lunes, 5 de marzo de 2012

Salmo 144 Oración pidiendo socorro y prosperidad

Salmos 144: 1 Bendito sea Jehová, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra;

Comentario:

Muchas veces hemos cantado este salmo y otras tantas lo hemos usado para dar pláticas, pero ahora nos preocupa saber qué es lo que Dios desea transmitirnos en forma rema de la Palabra logos, o sea una palabra susurrada al oído de cada lector (rema, 2° Pedro 1:21) del contenido de la Palabra (logos). Si Dios me da una escritura se llama rema. Las Escrituras pueden ser logos si las observamos simplemente como contenido, y si las observamos como una revelación de Dios, se les puede decir rema. Por eso la importancia que cada uno de nosotros ponga en interpretar lo que Dios está hablando por medio de la Palabra escrita a nuestro corazón. Porque podemos leer como simple información (logos) o con el puro deseo que Dios nos hable personalmente (rema).
Para esto comenzaremos con el primer párrafo de David.
V.1 “Bendito sea Jehová, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra”.  David era un excelente guerrero, mas pone toda su confianza en el maestro que lo adiestró. Y nos transmite esto como parábola para enseñarnos verdades eternas, donde refleja la intimidad que tenía él, en que Dios le daría la victoria en la batalla que era necesaria para preservar al pueblo escogido. La forma de mostrarnos esto es a manera de entrenamiento.
¿Cómo funcionó el entrenamiento del más famoso cuerpo del ejército de EE.UU. de los marines, adiestrados para colarse tras las líneas enemigas durante la II Guerra Mundial?
Debían completar 3 ejercicios y 50 abdominales y luego correr 5 kilómetros en menos de 28 minutos. Entonces ahora estaban preparados, si cumplían los 28 minutos, podrían llevar un arma.
Dios diseñó un programa que combina las técnicas más modernas de entrenamiento espiritual para cada uno de nosotros,  y los últimos descubrimientos en preparación física con los rigores de la guerra moderna que todos enfrentamos contra las potestades y enemigos, para que resultemos victoriosos. Nos permite tener pruebas de esfuerzo para descubrir nuestra paciencia, pérdidas materiales para medir la confianza en las cosas terrenales, enfermedades para probar el grado de consolación que podemos poseer, trastornos familiares para descubrir si estamos listos para el consejo, etc.
“Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para la guerra, mis dedos para la batalla”. (V. BAD)
Que esta metáfora nos sirva para mostrarnos la grandeza de Dios y su cuidado sobre nosotros durante el entrenamiento.

Rubén Pelegrina

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada