viernes, 20 de enero de 2012

Salmo 135 La grandeza de Dios y la vanidad de los ídolos

Salmos 135: 1-21  Alabad el nombre de Jehová; alabadle, siervos de Jehová;
2  Los que estáis en la casa de Jehová, en los atrios de la casa de nuestro Dios.
3  Alabad a JAH, porque él es bueno; cantad salmos a su nombre, porque él es benigno.
4  Porque JAH ha escogido a Jacob para sí, a Israel por posesión suya.
5  Porque yo sé que Jehová es grande, y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses.
6  Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.
7  Hace subir las nubes de los extremos de la tierra; hace los relámpagos para la lluvia;
 Saca de sus depósitos los vientos.
8  Él es quien hizo morir a los primogénitos de Egipto, desde el hombre hasta la bestia.
9  Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto, contra Faraón, y contra todos sus siervos.
10  Destruyó a muchas naciones, y mató a reyes poderosos;
11  A Sehón rey amorreo, a Og rey de Basán, y a todos los reyes de Canaán.
12  Y dio la tierra de ellos en heredad, en heredad a Israel su pueblo.
13  Oh Jehová, eterno es tu nombre; tu memoria, oh Jehová, de generación en generación.
14  Porque Jehová juzgará a su pueblo, y se compadecerá de sus siervos.
15  Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de manos de hombres.
16  Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven;
17  Tienen orejas, y no oyen; tampoco hay aliento en sus bocas.
18  Semejantes a ellos son los que los hacen, y todos los que en ellos confían.
19  Casa de Israel, bendecid a Jehová; casa de Aarón, bendecid a Jehová;
20  Casa de Leví, bendecid a Jehová; los que teméis a Jehová, bendecid a Jehová.
21  Desde Sion sea bendecido Jehová, quien mora en Jerusalén.  Aleluya.

Comentario:
Este salmo es un compuesto de partes de otros salmos ya analizados y de pasajes del Antiguo Testamento, como por ejemplo Deuteronomio 7:6  “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra”, donde se reconoce a todos como santos. Pensando en que el escritor interpreta a toda persona como siervo de Dios (ver v. 14), además de los reconocidos sacerdotes y levitas, nos consideraremos como tales, personas santas y apartadas para Dios.
A diario tenemos que tomar diferentes decisiones, como qué nos vamos a colocar de vestimenta, qué comida tomaremos o qué cosas haremos primero. Entre dichas decisiones hay una que debemos cumplir y el salmista de manera imperativa nos alienta hacer.
Vs. 1-5  “Alabad el nombre de Jehová; alabadle, siervos de Jehová”. En esta invitación exigente se anima a enaltecer a Dios por quien Él es en naturaleza y esencia, un ser bueno, benigno. “Alabad al Señor, porque el Señor es infinitamente bueno; canta himnos a su excelso Nombre, que es amable”. (v.3 V.T.A.).
En el v. 4 menciona que el Señor ha escogido para sí a Jacob; a Israel, para propiedad suya porque en su soberanía hace lo que quiere. Esto no significa que unos sean mejores que otros, sino que demuestra que Dios elige en su anticipado conocimiento de la humanidad.
Vs 6-12 Traslada nuestra mente a considerar Su grandeza y como tal dice que hizo cuantas cosas quiso; así en el cielo como en la tierra, en el mar y en todos los abismos. El hace venir las nubes de la extremidad de la tierra, y hace los relámpagos para la lluvia. Él es el que hace salir los vientos de sus depósitos; hace señales y prodigios (v.9), trata con las naciones, y quita la vida a reyes poderosos, y entregó sus tierras como herencia, para su pueblo Israel.
Vs 13-14 Repite algo que ya dijo para reafirmar el pensamiento, dirigiéndose a Dios y reconociendo que es eterno y su misericordia no cambia de generación en generación; por eso es confiable. Aun en el final de los tiempos el salmista confía y afirma que Dios será justo y a la vez tendrá misericordia de sus siervos.
Nos hacemos personas confiables en la medida que imitamos a Dios y no cambiamos la manera de ser o pensar, o sea que siempre tratamos de ser iguales, firmes y estables.
Vs 15-21 Lleva nuestro pensamiento a comparar la bajeza de un ídolo o una imagen. La adoración al Dios verdadero implica renunciar a todo esto. La verdadera fe en Dios requiere tomar una decisión definida, de lo contrario es una burla. Esos ídolos no tienen ningún poder, son simplemente una creación y proyección del ser humano.
El salmo no termina reprobando la idolatría; la mejor arma que usa contra la falsa religión es la decisión y acción definida de alabar y bendecir a Dios y enseñar esto a otros.

Rubén Pelegrina


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